Marea baja para el cine mediterráneo

cartelmostra2007rm3.jpgDespués de una semana, la Mostra de Valencia/ Cinema del Mediterrani cierra sus puertas. Esta edición confirma el estado de desorientación y agotamiento del festival de cine “oficial” de la ciudad de Valencia. Creado para promocionar y difundir las cinematografías de países mediterráneos, el festival ha perdido su prestigio e interés entre los profesionales del sector y la crítica especializada para convertirse en una plataforma de propaganda política en manos del Ayuntamiento.
Por Luis Millán

Una treintena de periodistas, cámaras fotográficos y televisivos, curiosos y aficionados esperaban frente al Museo de la Ciudad rompiendo la tranquilidad matutina de la plaza del Arzobispo. Al rato, aparecía un elegante coche del que descendía su aún más elegante ocupante: Don Johnson, héroe televisivo de los 80’. Lluvia de flashes sobre su perenne sonrisa y posterior rueda de preguntas, tras lo cual abandonaba el lugar tan precipitadamente como había aparecido, dejando a periodistas y curiosos esperando otra vez. El desfile de estrellas no había terminado, y casi una hora después aparecía, en condiciones similares Raquel Welch, musa del bikini en los 60’-70’. Con un aspecto envidiable a sus casi 70 años, desataba otra lluvia de flashes. El tiempo no surte el mismo efecto sobre las carreras artísticas que sobre las caras de Hollywood. El ritual se repetía, y los periodistas volvían a la carga con sus preguntas anecdóticas sobre el pasado glorioso de estrella y su llegada a la capital del Túria. Después de unas cuantas respuestas vagas, la estrella abandonaba precipitadamente el lugar sin dar una segunda oportunidad a los fotógrafos más entusiastas o a los fans en busca de autógrafo. Minutos después, periodistas y curiosos abandonaban el lugar como si nada
hubiese sucedido, y la plaza volvía a su quietud habitual.
Ocurría la mañana del 16 de octubre, y era el pistoletazo de salida de la XXVIII Mostra de Valencia, que tiene como eje temático el cine realizado en los países mediterráneos y la promoción de la producción audiovisual valenciana. Este acto, carente de relevancia cinematográfica y cuya única finalidad era acaparar un mínimo de presencia mediática a nivel local y regional, funciona como una perfecta metáfora de este festival de cine en palpable decadencia: el sector profesional le ha dado la espalda, la crítica hace tiempo que lo olvidó y la prensa lo mantiene, con cierto recelo, a una prudente distancia. Queda el público, y en este aspecto se ha centrado esta última edición que, más allá de las secciones y ciclos de rigor, ha apostado por clásicos básicos, accesibles para todos los públicos e irrebatibles para los más cinéfilos.

UNA NOCHE DE GLAMOUR

Esa misma noche se inauguraba la XXVIII edición de la Mostra de Valencia en el Palau de la Música con una gala que poco tenía que ver con el Cine. La alta sociedad valenciana exhibía sus trajes de gala al son de una jazz band mientras Rita Barberá, la auténtica protagonista de la noche, posaba sonriente de la mano de las estrellas invitadas, que importaban el toque de glamour made in Hollywood.

Su presencia, entre políticos y “famosos” de ámbito regional, no dejaba de resultar un poco chocante. Sobretodo teniendo en cuenta su nula relación y conocimiento de la cinematografía de países mediterráneos, la que este festival pretende promocionar. Preguntada al respecto en la rueda de prensa matutina, Raquel Welch había comentado: “No conozco muchas películas del mediterráneo porque en EEUU se estrenan muy pocas, pero me interesan porque tratan más sobre relaciones humanas y no tanto sobre efectos especiales”. Sin embargo, esta situación no parecía incomodarles y sonreían con complicidad para las cámaras junto a su anfitriona.

La asistencia de Don Johnson y Raquel Welch, de los que no se proyectaba ninguna película, costaba alrededor de 76.000 euros. Su labor se reducía a un par de actos para la prensa (la rueda citada anteriormente y una solemne recepción en el Ayuntamiento), una visita turística por la ciudad y la recepción de sendos premios honoríficos en la gala de inauguración. Después, abandonaban la ciudad sin dignarse a aparecer por el festival. Raquel Welch comentaba satisfecha al recibir su Palmera de Honor en la gala de inauguración: “Es una ciudad muy bonita. Me ha gustado la paella, los trajes de fallera, los cuadros del Ayuntamiento y los edificios de Calatrava en la Ciutat de les Arts”.

Otra figura, menos celebrada, pero que también recibió su homenaje, fue Patrick Wayne. El hijo del célebre actor John Wayne recogió otra Palmera de Honor con motivo del ciclo que la Mostra dedica al mítico cowboy. A diferencia de sus dos compatriotas, él no cobró por venir a recoger el premio.

Habían venido hasta Valencia para posar junto a la alcaldesa en unas imágenes que al día siguiente se convertirían en las protagonistas de los medios informativos locales y regionales. El festival de Cine del Mediterráneo, reducido a una fotografía de la alcaldesa junto a antiguas estrellas de Hollywood que no participan en el. Si bien es cierto que aportaron su toque de glamour a una gala en la que también desfilaron personajes como Enrique del Pozo, Luis Aguilé o algunos triunfitos. Otro invitado con escasa o nula relación con el mundo del Cine fue Bertín Osborne, un presentador de lujo que amenizó la gala con comentarios que delataban su poco interés por el séptimo arte. Uno de los gags más celebrados por el público fue cuando, después de repasar la trayectoria y filmografía de François Truffaut, al que se homenajeaba en un ciclo, afirmó: “En realidad, digo esto porque lo estoy leyendo, porque no conocía ninguna de estas películas”. No faltaban, por supuesto, representantes del cine español, y para eso estaban allí las viejas glorias homenajeadas, Analía Gadé y Victoria Vera, acompañadas, como no, por José Manuel Parada, un habitual de este festival.

Se habló poco de Cine, pero mucho de Rita Barberá, la estrella que más brilló esa noche. Recibió cantidad de elogios y agradecimientos personales por parte del presentador y los premiados. Fue Raquel Welch la que llegó más lejos: “En Hollywood tenemos a Rita Hayworth, pero aquí teneis a Rita Barberá”. Solo llevaba un día en Valencia, pero ya sabía como ganarse los aplausos de un auditorio lleno de empresarios, muy pocos de ellos del sector audiovisual.

CINE PARA TODOS LOS PÚBLICOS

Al día siguiente, las seis salas de los cines ABC Park iniciaban sesiones continuas desde las 10 de la mañana hasta la una de la noche para albergar las más de 160 películas y cortometrajes a las que da cabida este heterogéneo festival.

Heterogéneo porque intenta ser un punto de encuentro de las cinematografías mediterráneas, a la vez que ofrece alternativas para atraer a público de lo más variado. Para ello, los ciclos programados van desde el cine infantil al terror de serie b, desde el cine clásico más hollywoodiense a las últimas propuestas del cine oriental, desde las grandes obras de los directores europeos más sesudos a los homenajes a divas del cine de barrio español. Un amplio abanico de posibilidades que se amplían fuera de los cines, con una exposición, concierto y algunos eventos. Una diversificación de públicos y propuestas que dificultan la consolidación de una personalidad propia frente al éxito de otros festivales de cine nacionales, como es el caso de Cinema Jove, también celebrado en Valencia.

Esto responde al interés manifiesto de Mª José Alcón, concejala de cultura y presidenta ejecutiva de la Fundación Municipal de Cine desde 1997: “Un año más, la Mostra de Valencia Cinema del Mediterrani viene al encuentro de los valencianos […] para ofrecer el mejor cine para todos los públicos como ejemplo de la política del Ayuntamiento de Valencia de acercar la cultura a todos los ciudadanos”. Es por ello que la “mediterraneidad” que enarbola como estandarte este festival de Cine queda relegada a las doce películas de países mediterráneos que compiten en la Sección Oficial y un ciclo de siete películas de un país mediterráneo invitado, en este caso Turquía. Una “mediterraneidad” un tanto ambigua, ya que resulta extraño que en la Sección Oficial compita una película portuguesa y ninguna española.

La indeterminación del festival también se hace notable en la organización. Continuos cambios de fechas y salas de proyección, y tres directores diferentes en los últimos cinco años dan fe de la fragilidad de un festival que sobrevive, año tras año, a su desaparición.

UN POCO DE HISTORIA

cartelmostra.gifPero 28 años son muchos, y la Mostra no ha sido siempre como la vemos hoy en día. Enrique Ponce, profesor de Teoría e Historia del Arte en la Universitat Politècnica de València conoce de primera mano los inicios del festival, allá por 1980. Vinculado con la organización del festival durante sus primeras diez ediciones, recuerda sus inicios: “la Mostra fue impulsada por el PSPV como eje de su política cultural de convertir a Valencia en la capital del Mediterráneo, a la vez que se abría una vía de distribución y exhibición de cinematografías menores poco conocidas”.

Dos años después, el proyecto comenzaba a cobrar importancia y se creaba la Fundación Municipal de Cine, institución financiada por el Ayuntamiento encargada de la organización de la Mostra. Su primer director fue Josep Pons Grau, y aunque el objetivo de esta institución era garantizar el buen funcionamiento y la autonomía del festival más allá de los avatares políticos, siempre ha estado presidida desde el Ayuntamiento, a través de la concejalía de Cultura.

El festival empezó a andar, configurando los elementos clásicos: política de publicaciones, ciclos interesantes, homenajes razonables, una buena sección oficial… “Se intentaba equilibrar para llegar al público: no era un festival de vanguardia, pero había piezas muy potentes de cine europeo”. En esta línea apuntan los carteles de las primeras ediciones, que contaban con la asistencia de importantes figuras del cine europeo en su “vertiente mediterránea”, como Claude Chabrol, Marco Ferreri, Lino Ventura o Alberto Sordi, que acudían a presentar sus películas o ciclos-homenaje, así como destacadas figuras del panorama cinematográfico nacional, como Berlanga, Almodóvar, Fernán Gómez, Saura…

Un arranque ambicioso y prometedor que, sin embargo, perdería fuerza por su inestabilidad interna, motivada por los frecuentes cambios en la dirección, y sobretodo, por factores políticos. En 1991, la alcaldía pasa del PSPV a las manos del PP, que coloca en la concejalía de Cultura a González Lizondo. Esto supone un cambio radical en la política cultural local, que sacude a la Mostra: se destituye a su director, José María Morera, y los organizadores abandonan el festival. Enrique Ponce señala que “el PSPV perdió las elecciones, y el festival pasó a otras manos. Y entonces se cambió parte del cariz y de las perspectivas que tenía. La política cultural debería ser una política de Estado, o ciudad, y no una política de partido”.

El periodista Lluís Fernández asume entonces la dirección del festival. Su periodo será el más longevo, diez años durante los cuales arrancan iniciativas con buena acogida, como la Mostreta o el Congreso Internacional de Música de Cine, que durante nueve ediciones reunió en Valencia a algunos de los compositores de bandas sonoras más prestigiosos a nivel internacional: Bill Conti, Maurice Jarré, Lalo Schifrin, Nicola Piovani, … Un interesante proyectó que desapareció cuando Jorge García Berlanga, hijo del célebre director, le sustituyó al frente del festival en 2001. Sin embargo, durante estos años, el rumbo cinematográfico de la Mostra se distancia de su vocación mediterránea para “abrirse a cinematografías interesantes de cualquier nacionalidad que capten la atención del público”, según las fuentes oficiales.

Esto se traduce en una progresiva pérdida de atención sobre el cine mediterráneo, europeo y actual. La ausencia de estrenos y de las figuras destacadas del cine mediterráneo en sus propios homenajes se convierte, poco a poco, en práctica habitual, y estas últimas son reemplazadas paulatinamente por viejas glorias hollywoodienses, estrellas “de ocasión” sin relación con el festival o las películas proyectadas.

UNA SITUACIÓN DESOLADORA

La prensa especializada y el sector profesional miran, cada vez con mayor desconfianza a un festival cuyo prestigio mengua mientras se va hundiendo en la banalidad. Nacho Ruipérez, realizador valenciano nominado en la última edición por un cortometraje, lo comenta: “Según lo veo yo, la Mostra es un festival que ha ido pasando de manos de unos políticos a manos de otros políticos, como lanzadera de publicidad política. Esta muy vinculado al ayuntamiento de Valencia. Viendo algo así, la gente especializada y que le interesa el Cine le va a dar la espalda”. Enrique Ponce es aún más pesimista: “En este momento, la Mostra es una caricatura estúpida y absurda de sí misma. Creo que ahora no tiene ninguna utilidad pública, no responde a ninguna demanda, sobrevive por mera tradición”.

Y es que la repercusión de este festival internacional se ha reducido a un evento de relevancia informativa regional. Actualmente, las películas de la Sección Oficial rara vez son distribuidas, y no disfrutan de una buena promoción o cobertura mediática, independientemente de la acogida que tengan. Los profesionales premiados vuelven a sus países de origen con un premio bajo el brazo, una compensación económica de las arcas municipales en el bolsillo… y nada más. Los premios de la Mostra no sirven para promocionar a las películas vencedoras. Ni siquiera para indultarlas del olvido cinematográfico.

CONCIERTO DE MÚSICA DE CINE
foto3.pngLo mejor esta edición se pudo ver la noche del sábado 20 en el Palau de la Música, que acogió el concierto de música de cine “Indios y vaqueros”. La orquesta de la Valldigna hacía un repaso por algunos de los más emblemáticos temas del western, desde Tiomkin hasta Morricone. Sin embargo, este concierto no es más que una sombra de lo que antaño fue el Congreso Internacional de Música de Cine, que reunía en la Mostra a aficionados, críticos y compositores del más alto nivel internacional.

Por otra parte, el reconocido cineasta Spike Lee acudió al concierto, donde fue homenajeado. Luego tuvo un breve encuentro con la prensa, donde habló sobre su último proyecto “Miracle at St. Anna”, un drama bélico ambientado en la Italia de la II Guerra Mundial

JUGANDO EN CASA

Frente a este descorazonador panorama desde la organización se hacen esfuerzos inútiles por recuperar la confianza de público, crítica y del sector audiovisual autóctono. Fruto de estos esfuerzos se inicia hace cinco años el Cinema Mostra València, un microfestival dentro del festival, donde sólo compiten producciones de la Comunidad Valenciana. Una plataforma para dar a conocer los principales cortometrajes y proyectos televisivos (series, documentales, tv movies…) o cinematográficos y estimular la industria audiovisual valenciana. Supone también un punto de contacto con la producción audiovisual nacional, con una presencia cada vez más marginal en el festival. De hecho, en esta edición, solo competían dos largometrajes españoles: La tierra de la esfinge y Atasco en la Nacional, esta última ya exhibida en las salas comerciales.

Además de las secciones de competición y los ciclos para cinéfilos, la Mostra amplía sus actividades con el concierto de música de cine, la Mostreta y una exposición.

Durante la semana del festival, los niños se adueñan del cine por las mañanas para ver los últimos éxitos del cine infantil. Tienen entrada libre para la Mostreta, que pretende acercar el cine a los más pequeños.

Por otra parte, la exposición “Orígenes y nacimiento del Cine” recoge todo tipo artilugios y máquinas para hacer un repaso de los antecedentes y la evolución técnica del séptimo Arte.

EL “HERMANO PEQUEÑO” DE LA MOSTRA

2007_06_23_no_06-cine.jpgFrente a esta situación crítica de la Mostra, resulta chocante ver el estado de buena salud del que goza su “hermano pequeño”, el Festival Internacional de Cine Cinema Jove, también celebrado en Valencia. Este año celebra su XXIII edición y durante todo este tiempo ha ido creciendo hasta consolidarse como uno de los festivales cinematográficos internacionales más importantes de España. Y resulta chocante porque, al comparar las cifras, las cuentas no salen.

Es el propio director de la Mostra, Juan Piquer, el que reconoce que su presupuesto “está rondando el millón de euros”, de entre el casi millón y medio que recibe anualmente la Fundación Municipal de Cine. Este dinero procede en su mayor parte del Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat, después de que el Ministerio de Cultura decidiese retirar, en esta última edición, la ayuda económica de 25.000 euros. Por su parte Cinema Jove siempre ha contado con un presupuesto mucho más modesto, que ha ido incrementando con una mayor financiación pública a medida que ha ganado relevancia, tanto a nivel nacional como internacional. Actualmente, ronda los 630.000 euros.

Por otra parte, según las valoraciones de la Fundación Municipal de Cine, la última edición de la Mostra ha sido un gran éxito al alcanzar los 75.000 espectadores. Una cifra nada desdeñable, pero que mengua considerablemente al descontarle los espectadores de otras actividades complementarias, poco relacionadas con el certamen cinematográfico, pero enmarcadas dentro del aura de la Mostra. Como por ejemplo, Mostra Mar, un cine de verano gratuito que la Fundación Municipal de Cine organiza en la Malvarrosa, donde se proyectan éxitos comerciales de la anterior temporada cinematográfica. O la Mostreta, sesiones matutinas que se realizan durante el festival en las que se proyectan los últimos estrenos del cine infantil y a las que todos los colegios de la ciudad están invitados: son las únicas sesiones que consiguen llenar la sala. Dejando a un lado las iniciativas para “inflar” la cifra de espectadores, las películas programadas en la Mostra de este año fueron vistas por cerca de 20.000 personas. Otra vez, muy lejos de las cifras de Cinema Jove, que ha logrado alcanzar una media de 50.000 espectadores.

¿Qué marca la diferencia entre estos dos festivales, celebrados en la misma ciudad, pero tan alejados entre sí? “Cinema Jove ha sabido dotarse de una serie de propuestas y apartados que garantizan su supervivencia y su utilidad más allá de los fines meramente políticos” señala Nacho Ruipérez. Se refiere al Encuentro Audiovisual de Jóvenes, sección fundadora abierta a la participación del ámbito académico a nivel nacional, desde Primaria hasta un límite de 22 años, que se ha convertido en un referente europeo en materia de educación audiovisual. Y también al Mercado Internacional del Cortometraje, que desde hace catorce años supone un punto de confluencia internacional de directores, productores, distribuidores y demás profesionales del sector audiovisual para promover la venta y exhibición, ya sea en televisión, salas u otros festivales, de cortometrajes.

Pero también porque se apoya en sólidas instituciones a prueba de cataclismos políticos: no sólo la Generalitat Valenciana, sino también el Instituto Valenciano de la Juventud (IVAJ) y la financiación privada de Bancaja. Y sobretodo, el Instituto Valenciano de la Cinematografía Ricardo Muñoz Suay, que garantiza un punto de anclaje con una institución de referencia en la conservación y difusión de la actividad cinematográfica valenciana, algo de lo que carece la Mostra de Valencia.

MIRANDO HACIA ADELANTE

34ijski.jpgEl futuro de la Mostra es incierto. Fuentes cercanas a la dirección del festival reconocen la poca implicación del actual director, Juan Piquer, antaño director de cine fantástico de serie b. Enrique Ponce es rotundo al afirmar que “la decisión más sensata es suspender la Mostra. Destinar su dinero para otras cosas y esperar un tiempo. Ese tiempo se puede utilizar para reflexionar de nuevo, para volver a pensar una idea cultural colectiva, para buscar una idea común si es posible y volver de nuevo, pero volver con cierta sensatez”.

Sin embargo, el balance final de la Fundación Municipal de Cine tras esta edición es positivo, aunque admite la necesidad de avanzar en ciertos sentidos. Juan Piquer ha garantizado su intención de afrontar la próxima edición con un “espíritu renovador” para volver a las raíces mediterraneas del festival. Para ello, adelantó que los ciclos clásicos se dedicarían a los maestros de las grandes filmografías del Viejo continente, además de “intentar que a partir de la próxima edición las estrellas invitadas procedan del Mediterráneo y de Europa, aunque siempre dependiendo de nuestras posibilidades de presupuesto, que esperemos que aumente, y de que ellas tengan tiempo y ganas de venir”.

Además, ha prometido la creación de un foro de intercambio para promover coproducciones entre los profesionales del área mediterránea, lo que puede ser un primer paso para intentar recuperar el respeto de los profesionales del sector a nivel internacional.

La Mostra de Valencia ha hecho un largo recorrido para llegar a convertirse en lo que es hoy en día, un festival adormilado que sobrevive por inercia materializando las debilidades de la política cultural local, sometida a las directrices del partido que gobierna desde 1991. El mismo partido que la vapuleaba con feroces críticas cuando daba sus primeros pasos llenos de ambición, y que ahora pasea orgulloso sobre su alfombra roja, ya desteñida.

2 comentaris per “Marea baja para el cine mediterráneo”

  1. Enhorabona per l’article, està realment molt bé, i per desgràcia és del tot cert.

    M’ha fet prou de gràcia la frase de Bertín Osborne, jajaja

    “En realidad, digo esto porque lo estoy leyendo, porque no conocía ninguna de estas películas”

  2. Sí, la veritat és que està molt bé. El Bertín és un crack, es veu que va soltar unes quantes perles del mateix tipus en la gala… Com si es tractés d’una paròdia de la gala.

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